Casa Museo Gregorio Marín

Pilar Marín, fundadora del museo Gregorio Marín ha dejado a Puebla de Don Fadrique una pequeña colección de pinturas, las cuales unas son obras suyas y otras regalos de sus amistades.

Es Pilar Marín una mujer, como mínimo interesante, con una vida llena de vicisitudes, viajes, enfermedades y contratiempos en general desde su infancia , que bien podrían haberle hundido en la tristeza y sin embargo, tal y como relata en sus memorias, supo superar para seguir avanzando en su vida personal y profesional. Al leer su biografía se intuye una mujer culta, luchadora, inquieta y con un ímpetu de superación a lo largo de su vida.

Desde su infancia, nos relata, tuvo dificultades dado que por coincidir esta con la guerra civil, tuvo que soportar el encarcelamiento de sus seres queridos y todas las adversidades que ello le ocasionaron.

Luchadora debió ser para superar todos los contratiempos y centrarse en su formación profesional para poder trabajar en algo, que en aquellos años, era un privilegio, en telefónica. En su empleo al igual que en su vida cotidiana, según cuenta, debió aprender a sobrevivir, adaptándose a las circunstancias sociales y políticas.

Hay que destacar sus inquietudes artísticas, las que le llevaron a viajar, aprender y conocer todo aquello que para ella suponía arte. Así supo contar con amistades que le introdujeron en el arte y la cultura, con ellas aprendió a moverse por el ámbito cultural de su tiempo, lo que le empujó a enriquerer conocer y aprender día a día, bien fuera pintura, cerámica, literatura etc. No es de extrañar que en su tiempo fuera considerada una mujer peculiar, ya que en aquellos años la mujer aún estaba predestinada, ante todo, para el hogar, la maternidad, y la cocina. Es por tanto Pilar Marín una excepción dentro de la norma, ya que ella misma recuerda “como me pesa haber vivido sin un hombre a mis espaldas”.

Como buena amante de la cultura, el arte y las libertades, hizo un recorrido por varios países, entre ellos Rusia, Francia, Egipto, además de haber vivido en varias ciudades españolas como Madrid , Granada ,Cádiz etc. En todas ellas nos cuenta haber encontrado buenas amistades y gentes que le ayudaban muchas de las veces a sobrevivir y otras a adentrarse en sus inquietudes artísticas.

Tras hacernos un recorrido de su periplo en sus viajes y hacernos participes de sus vivencias ,enfermedades y amoríos, nos relata cómo y por qué vino a parar al pueblo que ella desde niña recordaba y amaba. En él nació y en él quería encontrar la paz y la tranquilidad que tras haberse jubilado buscaba, para dedicarse a aquello que siempre le gustó ,el arte.

Así pues fue en La Puebla de Don Fadrique donde compró su última casa, para en ella reposar y dejar reposar lo que ella más quería, sus obras de arte.

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